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Japón, la espeleología y la ecología del subsuelo.
Hablar de la ecología del subsuelo necesariamente significa hablar de la espeleología, la ciencia que al estudiar las cavernas aporta enormemente a los conocimientos ecológicos, principalmente aquellos aspectos relacionados con las aguas subterráneas.
La investigación espeleológica en el Japón ha permitido la exploración de cientos de cavidades en ciudades como Syuho-Tyo, donde se encuentra la cueva Akyoyoshi do, con una extensión de más de 8,000 metros; Iguaizumi-tyo, donde se encuentra la cueva Sugawatari do, con una extensión de más de 3,000 metros, y la cueva Gyokusen do, con una extensión de más de 4,000 metros, localizada en Tamagusuku-mura, Okinawa.
La historia de la espeleología en Japón comienza con la formación de la Sociedad Espeleológica del Japón, ocurrida en octubre de 1954, en ocasión de la reunión anual No. 25 de la Sociedad Zoológica de Japón, siendo luego fundada en octubre 12 de 1956, bajo la presidencia del Emérito Profesor Masuzo UENO.
Contrario a como ocurre en la mayoría de países, los espeleólogos japoneses más entusiastas parecen haber emergido de la práctica biológica, ocurriendo que la mayoría de publicaciones de la Sociedad versan sobre los aspectos biológicos y ecológicos de las cuevas del Japón.
La Sociedad Espeleológica del Japón es la organización académica que ha manejado los asuntos espeleológicos y de cuevas desde 1975. Hasta el 2001 contaba con 274 miembros.
Para su organización, la Sociedad Espeleológica del Japón reune diferentes consejos y comités especiales, tales como el Consejo de Publicaciones, el Boletín de la Sociedad, el Comité de Reporte de Cavidades, el Comité de Organización de Conferencias, el Comité de Investigación, el Comité de Coordinación con Organizaciones Académicas y de Investigación, el Comité de Coordinación con las Organizaciones Espeleológicas, el Comité de Conservación de Cuevas, y el Comité de Seguridad Subterránea.
Por otro lado esta el Consejo de Geografía, el Consejo de Geología, el Consejo de Paleontología, el Consejo de Biología, el Consejo de Antropología y Arqueología, el Consejo de Química y Física, el Consejo de Técnicas de Exploración y el Consejo de Vulcanoespeleología.
Según Michihiro Kawano, los primeros reportes de cuevas realizados aparecieron en publicaciones científicas antes y después de 1890. Los relacionados con las cuevas de lava aparecieron en 1883, y los de cuevas en calizas en 1903.
Sin embargo, la mayor atención sobre las cuevas del Japón comenzó cuando varias cuevas fueron designadas como Monumentos Naturales en los años de 1920. Las exploraciones y estudios de cuevas en ese entonces no pasaban de ser investigaciones descriptivas relacionadas con la morfología de las cuevas y con sus espeleotemas.
En 1950, las cuevas ocuparon el interés de los geólogos como consecuencia de los descubrimientos de fósiles de vertebrados en los depósitos pavimentarios de las cuevas.
Paleontología y bioespeleología en Japón
La presencia de abundantes fósiles de animales en los depósitos de cuevas y fracturas han sido conocidas desde hace mucho tiempo en las cuevas del Japón, habiendo sido manejados estos fósiles con gran interés científico. Entre las publicaciones hechas sobre fósiles del Japón se destaca como notable el trabajo hecho por el paleontólogo británico W. Buckland en 1823.
Los primeros reportes de fósiles encontrados en fisuras fueron localizados en la Formación Kuzuu desde 1937. En lo adelante, un importante número de fósiles ha sido colectado y trabajado en localidades como Yamaguchi, Shizuoka, Aomori y Okinawa. La mayoría de los fósiles colectados en depósitos de fisuras en las cuevas han sido vertebrados, de los cuales los mamíferos han sido ya ampliamente estudiados, en tanto que el conocimiento de otros taxa, tales como reptiles y aves es todavía insuficiente.
La edad geológica de esos depósitos ha sido inferida de los fósiles, con tangos que van desde mediados hasta el pleistoceno tardío. En tanto, muy poco se sabe sobre depósitos más antiguos de la misma naturaleza. Se supone, por lo que se ve, que los depósitos en cuevas y fisuras en Japón se acumularon la mayoría durante el período pleistocénico medio y tardío. Al igual que los fósiles de mamíferos, aproximadamente la mitad de las especies deben haberse extinguido por la época del pleistoceno tardío (Hasegama, Y., 1977).
En cuanto a los más recientes descubrimientos bioespeleológicos en Japón de la pasada década, éstos estuvieron orientados principalmente hacia los animales terrestres. Las investigaciones realizadas en ese período estuvieron enfocadas sobre cavidades artificiales. Por otro lado, las formas acuáticas de las cuevas fueron muy poco estudiadas, aunque se continúan realizando esfuerzos para esclarecer el estado de la psamofauna en Japón.
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